Zinaida Serebryakova – On the terrace in Kharkov
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La obra presenta una escena íntima y cotidiana que se desarrolla en un espacio interior con acceso a un exterior arbolado. Cuatro figuras jóvenes, presumiblemente niños o adolescentes, ocupan el primer plano. Se encuentran sentados alrededor de una mesa baja, sobre la cual se observan restos de comida – platos, posiblemente frutas– sugiriendo que han terminado de comer.
La luz incide con fuerza desde un lado, creando contrastes marcados y definiendo los volúmenes de las figuras y objetos. Esta iluminación enfatiza la textura de la piel y la ropa, así como el polvo o suciedad presente en el ambiente. La paleta cromática es cálida, dominada por tonos ocres, rojizos y azules apagados, lo que contribuye a una atmósfera melancólica y nostálgica.
La muchacha situada a la derecha de la composición llama particularmente la atención. Su mirada se dirige hacia el espectador con una expresión serena pero pensativa; su postura relajada y sus pies descalzos sugieren un estado de despreocupación o abandono. La presencia de ropa tendida en el interior, colgada sobre las ventanas, indica que el espacio es también funcional, utilizado para tareas domésticas.
El niño sentado a la izquierda parece absorto en una actividad solitaria – quizás leyendo– mientras los otros dos se muestran más interactivos, aunque su conversación o juego no son directamente visibles. La composición triangular formada por las figuras y la mesa crea un sentido de unidad y cercanía, pero también cierta tensión debido a las diferentes direcciones de sus miradas y actividades.
Subtextos potenciales:
La pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la infancia y la transición hacia la adolescencia. El ambiente modesto y la falta de lujos sugieren una vida sencilla o incluso precaria. La luz intensa, combinada con los tonos cálidos, evoca recuerdos del verano y la nostalgia por un pasado idealizado. La ropa tendida podría simbolizar la rutina diaria y las responsabilidades familiares. La mirada introspectiva de la muchacha sugiere una incipiente conciencia de sí misma y del mundo que la rodea. En general, la obra transmite una sensación de quietud, intimidad y melancolía, invitando al espectador a reflexionar sobre la fragilidad de la infancia y el paso del tiempo.