Zinaida Serebryakova – Moroccan girl in a pink dress
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La composición se centra en la figura femenina, que ocupa casi todo el espacio frontal del cuadro. Detrás de ella, una puerta azul intenso con intrincados detalles ornamentales sirve como telón de fondo, sugiriendo un patio o jardín tradicional. La vegetación exuberante, visible a través de los vanos de la puerta y alrededor de su marco, añade profundidad y contexto al escenario.
La mirada directa de la joven hacia el espectador establece una conexión inmediata, invitando a la contemplación. Su expresión es compleja: hay una mezcla de timidez, curiosidad e incluso un atisbo de desafío. La mano que se eleva cerca de su rostro podría interpretarse como un gesto defensivo o simplemente como una forma de apartar el cabello.
El uso del color es significativo. El rosa del vestido, vibrante y llamativo, contrasta con la sobriedad de los tonos azules y verdes del fondo, atrayendo la atención hacia la figura central. La paleta cromática, aunque cálida, no impide una sensación general de serenidad y quietud.
En cuanto a subtextos, el cuadro podría interpretarse como una exploración de la identidad cultural y la representación del otro. El contexto marroquí, evidente en la arquitectura y el vestuario, evoca un exotismo que, sin embargo, se matiza por la dignidad y la presencia de la joven retratada. La obra no parece buscar la caricatura o la idealización, sino más bien una representación respetuosa de una persona dentro de su entorno cultural. La postura y la mirada sugieren una individualidad que trasciende las generalizaciones sobre el origen étnico. Se intuye un diálogo silencioso entre la modelo y quien observa, invitando a reflexionar sobre los prejuicios y estereotipos culturales. La firma del artista en la esquina inferior derecha, junto con la indicación de Marruecos 1932, ancla la obra en un momento histórico específico, sugiriendo una posible intención documental o etnográfica, aunque siempre filtrada a través de la subjetividad artística.