Filippino Lippi – The adoration with the infant Baptist and St. Bernard
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En primer plano, un niño desnudo, recostado sobre una cama de flores silvestres, atrae la atención inmediata. Su rostro sereno y su postura relajada sugieren una inocencia primordial, casi divina. A su lado, una figura femenina, ataviada con una túnica azul celeste, se inclina en actitud de profunda veneración. Sus manos juntas y su mirada baja denotan un recogimiento espiritual intenso. La aureola que la rodea refuerza su carácter sagrado.
A la izquierda, dos figuras adicionales participan en esta escena de adoración. Un niño pequeño, vestido con una prenda rosada, observa al infante con curiosidad, mientras que un anciano de barba blanca sostiene un báculo y parece meditar sobre el significado del momento. La presencia de este último sugiere una conexión con la tradición monástica o contemplativa.
En lo alto, en una posición dominante, se vislumbra una figura masculina, envuelta en una luz resplandeciente que emana como si fuera parte de él mismo. Sus manos extendidas parecen bendecir a los presentes, otorgando legitimidad y santidad al acontecimiento representado. Un ave blanca, posiblemente un paloma, flota entre la figura superior y la mujer arrodillada, simbolizando el Espíritu Santo y su participación en este evento trascendental.
El bosque que sirve de telón de fondo no es meramente decorativo; contribuye a crear una atmósfera de recogimiento y misterio. La densidad de los árboles y la penumbra que reinan en ellos sugieren un espacio liminal, un lugar entre el mundo terrenal y lo divino.
Más allá de la representación literal de una adoración, esta pintura parece explorar temas como la divinidad infantil, la maternidad espiritual, la contemplación religiosa y la conexión con la naturaleza. La yuxtaposición de la inocencia del niño con la solemnidad de los personajes adultos invita a la reflexión sobre el misterio de la fe y la búsqueda de lo trascendente. El uso de colores suaves y la composición equilibrada contribuyen a crear una sensación de armonía y serenidad, invitando al espectador a sumergirse en un ambiente de profunda devoción.