Pieter Jacobs Codde – 13971
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En primer plano, a la izquierda, una mujer toca una cítara, sentada sobre lo que parece ser un cojín o asiento elevado. Su postura es relajada, pero su mirada se dirige hacia otro punto de la escena, sugiriendo una conexión con los presentes. A su lado, una niña pequeña, envuelta en un vestido blanco y encaje, observa con curiosidad.
El centro de la composición está dominado por el grupo principal: varias figuras masculinas y femeninas están dispuestas en una línea ligeramente curva. Los hombres visten jubones ricamente decorados y sombreros adornados, mientras que las mujeres lucen vestidos amplios y elaborados, con encajes y volantes que acentúan su estatus social. Uno de los hombres levanta un vaso o copa en un gesto de brindis, lo cual refuerza la idea de una celebración. La expresión en sus rostros es contenida, pero transmite una sensación de alegría y formalidad.
En el extremo derecho, se aprecia un lecho con dosel, parcialmente visible, junto a un galgo que permanece atento. Este elemento introduce una nota de intimidad y domesticidad al conjunto. La presencia del perro sugiere también la importancia de la compañía animal en la vida familiar.
El fondo está tratado con una atmósfera oscura y difusa, lo cual concentra la atención sobre los personajes principales. Un retrato colgado en la pared, a contraluz, añade profundidad a la escena y podría representar un antepasado o un miembro importante de la familia. La iluminación es desigual, creando contrastes que resaltan las texturas de los tejidos y los detalles de los rostros.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con el estatus social, la prosperidad familiar y la importancia de los rituales sociales. La meticulosa representación de los atuendos y objetos sugiere una ostentación controlada, un deseo de mostrar riqueza sin caer en la vulgaridad. La composición cuidadosamente organizada transmite una sensación de orden y estabilidad, valores fundamentales en la sociedad de la época. El gesto del brindis podría simbolizar no solo una celebración específica, sino también la continuidad familiar y el éxito a largo plazo. La mirada dirigida por la mujer que toca la cítara sugiere un elemento narrativo más profundo, invitando al espectador a imaginar la historia detrás de este encuentro.