Alfred Sisley – Sisley Snow at Louveciennes, 1874, 55.9x45.7 cm, Phillips Co
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La luz es difusa, casi monocromática, lo que contribuye a la sensación general de frialdad y aislamiento. No hay un sol directo; más bien, una luminosidad tenue se filtra entre las nubes grises que cubren el cielo, creando reflejos sutiles sobre la nieve y los tejados. Esta ausencia de contrastos marcados acentúa la homogeneidad cromática del conjunto, donde predominan los blancos, grises, marrones y ocres en una paleta delicada y apagada.
En primer plano, un camino cubierto de nieve guía la mirada hacia el centro de la composición. A lo largo del mismo, se distingue la silueta de una figura humana vestida de oscuro, portando un paraguas negro. Esta presencia, aunque discreta, introduce un elemento de escala y humanidad en el paisaje, sugiriendo una actividad cotidiana interrumpida por las inclemencias del tiempo. La figura parece avanzar con lentitud, quizás absorta en sus pensamientos o simplemente enfrentándose a la crudeza del invierno.
El tratamiento pictórico es suelto e impresionista; pinceladas rápidas y visibles construyen la textura de la nieve, los tejados y la vegetación circundante. Se aprecia una búsqueda de la inmediatez visual, priorizando la impresión sensorial sobre el detalle preciso. Los árboles desnudos que se alzan en el fondo, con sus ramas esqueléticas apuntando hacia el cielo, refuerzan la atmósfera invernal y añaden verticalidad a la composición.
Más allá de la representación literal del paisaje, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la transitoriedad del tiempo y la fragilidad de la existencia humana frente a la naturaleza. La quietud del invierno, la palidez de los colores y la figura solitaria evocan sentimientos de nostalgia, introspección y melancolía. El autor no busca exaltar la belleza grandiosa, sino capturar la poesía sutil de un instante fugaz en el devenir del tiempo. Se intuye una invitación a contemplar la serenidad que puede encontrarse incluso en los momentos más fríos y desolados.