Stanisław Chlebowski – Entry of Sultan Mehmed II in Constantinople
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El autor ha distribuido cuidadosamente a los personajes en distintos planos. En primer término, una multitud prostrada se arrodilla ante el sultán, expresando sumisión y derrota. Sus ropas, en tonos apagados y desgastados, sugieren una población agotada por la guerra y ahora sometida al nuevo régimen. La disposición de estos individuos, amontonados y desorganizados, acentúa su vulnerabilidad y la absoluta superioridad del conquistador.
En el plano medio, se aprecia un cortejo real que avanza hacia la figura ecuestre. Los caballos ricamente adornados y los asistentes con atuendos suntuosos subrayan la opulencia y el poderío de la nueva dinastía otomana. La paleta de colores en este grupo es más vibrante, utilizando dorados y rojos para resaltar su importancia y distinción.
Al fondo, se vislumbra una ciudad devastada, con edificios dañados y una atmósfera general de destrucción. La cúpula imponente de una iglesia o catedral destaca sobre el horizonte, un recordatorio visual del cambio religioso que ha acompañado a la conquista. El cielo, pintado con pinceladas turbulentas y colores contrastantes, refleja la agitación política y social que debe haber caracterizado este momento histórico.
Más allá de la representación literal de una entrada triunfal, la obra parece explorar temas más profundos relacionados con el poder, la conquista y la transformación cultural. La yuxtaposición entre la figura ecuestre, símbolo de permanencia y legitimidad, y la multitud prostrada, que representa la derrota y la sumisión, plantea interrogantes sobre la naturaleza del dominio y sus consecuencias para los vencidos. El contraste entre el esplendor del cortejo real y la devastación de la ciudad sugiere una reflexión sobre el costo humano y material de la guerra y la imposición de un nuevo orden político. La pintura invita a considerar no solo el evento en sí, sino también las implicaciones más amplias que tuvo para la población y el paisaje cultural de Constantinopla.