Vasily Perov – Street musicians in Paris. AB 1863, gr. K., wc. 14h17. GTG
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En primer plano, un perro yace inmóvil, su postura sugiriendo cansancio o resignación ante las circunstancias. A su lado, un niño observa con expresión sombría, quizás absorto en sus propios pensamientos o contemplando la escena con una mezcla de curiosidad y tristeza. La figura femenina, ataviada con un pañuelo que cubre parcialmente su rostro, parece estar involucrada en la ejecución musical, aunque su postura transmite más bien una sensación de fragilidad y vulnerabilidad. Junto a ella, se distingue otra figura masculina, envuelta en ropas gruesas, cuya expresión es difícil de discernir debido a la sombra proyectada sobre su rostro.
El elemento más llamativo es sin duda el mono vestido con un atuendo que recuerda a un uniforme militar o ceremonial. Su posición elevada y su actitud aparentemente despreocupada contrastan fuertemente con la atmósfera general de desolación que impregna la escena. Podría interpretarse como una burla irónica de las convenciones sociales, o quizás como una representación de la artificialidad del entretenimiento callejero.
La paleta cromática es limitada y monocromática, dominada por tonos ocres y grises que acentúan la sensación de frialdad y desánimo. La técnica utilizada, presumiblemente acuarela sobre papel, contribuye a la atmósfera etérea y fugaz de la obra. El trazo suelto y expresivo sugiere una rápida toma de impresión, capturando un instante efímero de la vida urbana.
Subyacentemente, la pintura parece explorar temas como la pobreza, la marginalidad social y la precariedad de la existencia. La presencia del perro y el niño en primer plano enfatiza la vulnerabilidad de los más desfavorecidos, mientras que la figura del mono podría interpretarse como una crítica a la superficialidad y la hipocresía de la sociedad. En definitiva, se trata de un testimonio conmovedor de una época y lugar específicos, pero también de una reflexión universal sobre la condición humana.