Dan Namingha – Passage V I I
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La paleta cromática es rica y contrastada. Predominan tonos cálidos – ocres, rojos, amarillos – que evocan la tierra, el fuego, la vitalidad, pero también se ven atenuados por la presencia del azul profundo y los negros que definen los bordes de la composición. Esta yuxtaposición genera una tensión visual palpable, un diálogo entre fuerzas opuestas.
A lo largo de los márgenes verticales, se aprecian bandas blancas y negras, dispuestas en un patrón cuadriculado que recuerda a un tablero de ajedrez o a una escala arquitectónica. Estas líneas verticales parecen contener la energía del centro, estableciendo límites pero también sugiriendo una estructura subyacente.
En el extremo superior izquierdo, se distingue una figura antropomorfa esquemática, representada con trazos gruesos y colores terrosos. Su posición, al borde de la composición, le confiere un carácter observador o guardián, como si estuviera contemplando la escena central desde una distancia segura. La figura parece portar algún objeto en su cabeza, cuya naturaleza es ambigua e invita a la interpretación.
La pincelada es expresiva y gestual, con trazos visibles que denotan el proceso creativo. No se busca la perfección mimética, sino más bien transmitir una sensación de movimiento y dinamismo. La textura parece densa, casi palpable, lo que contribuye a la atmósfera enigmática de la obra.
En cuanto a los subtextos, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre el viaje interior, la búsqueda del conocimiento o la confrontación con lo desconocido. El espiral simboliza el camino sinuoso y laberíntico hacia la verdad, mientras que la figura observadora representa la conciencia que contempla este proceso desde una perspectiva externa. La estructura cuadriculada podría aludir a las reglas y convenciones sociales que limitan nuestra libertad, o bien a un orden cósmico subyacente. En definitiva, se trata de una obra abierta a múltiples interpretaciones, que invita al espectador a proyectar sus propias experiencias y emociones en ella. La sensación general es la de un universo simbólico condensado en un espacio limitado, donde cada elemento contribuye a crear una atmósfera de misterio e introspección.