Henry Robert Morland – Ironing
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El vestido de la mujer, de tonalidades pastel y con mangas abullonadas características de la época, sugiere una posición social acomodada, aunque el acto que realiza –la plancha– es inherentemente asociado al trabajo doméstico y a las clases inferiores. La expresión en su rostro es serena, casi melancólica; no se percibe esfuerzo ni disgusto, sino más bien una resignación tranquila ante la tarea impuesta. La mirada está dirigida hacia abajo, concentrada en el paño que está alisando, lo que podría interpretarse como un símbolo de introspección o de sumisión a las convenciones sociales.
La mesa sobre la que trabaja está cubierta con un tejido blanco y delicado, contrastando con la robustez del hierro forjado de la plancha y los objetos metálicos que la acompañan: una especie de pisón para el fuego y otros utensilios relacionados con el proceso de calentamiento. Estos elementos, aunque funcionales, aportan una textura interesante a la composición y sugieren un contexto más amplio de labores domésticas.
El fondo está difuminado, insinuando una habitación con muebles oscuros que no distraen de la figura principal. La presencia de una silla con respaldo alto en el extremo izquierdo del cuadro añade profundidad al espacio, pero sin competir por la atención del espectador.
Subtextualmente, esta pintura plantea interrogantes sobre el papel de la mujer en la sociedad de la época. Aunque vestida con elegancia, se le presenta realizando un trabajo tradicionalmente asociado a las clases más humildes, lo que podría sugerir una crítica sutil a las limitaciones impuestas a las mujeres de su estatus social. La serenidad en su rostro y la concentración en la tarea podrían interpretarse como una aceptación silenciosa de su destino o, por el contrario, como un reflejo de una interioridad más compleja que escapa a la simple descripción de sus acciones. La escena evoca una atmósfera de quietud y contemplación, invitando al espectador a reflexionar sobre las rutinas cotidianas y los roles sociales.