Marie-Andree Leblond – Attitude
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El fondo, ejecutado en tonos cálidos de ocre y ámbar, contribuye a crear una atmósfera intensa y opresiva. La ausencia de detalles precisos en el trasfondo permite que la atención se concentre exclusivamente sobre los caballos, intensificando su impacto visual. La pincelada es gestual, casi salvaje, reforzando la sensación de dinamismo y descontrol.
Se observa una marcada tendencia a la simplificación de las formas; los cuerpos de los caballos son esquemáticos, reducidos a sus elementos esenciales para transmitir una impresión general de poderío y vitalidad. La luz, aunque no definida por fuentes concretas, parece emanar del interior mismo de los animales, acentuando su presencia imponente.
Más allá de la mera representación equina, esta pintura sugiere una serie de subtextos. La energía desbordante que irradian los caballos podría interpretarse como una metáfora de la fuerza indomable, el instinto primario o incluso la furia contenida. La composición, con los animales apretados y en movimiento, evoca una sensación de urgencia y peligro inminente. El espectador se siente confrontado a una fuerza que escapa al control, un torbellino de energía que lo absorbe.
El uso del color, restringido a una paleta terrosa, refuerza la impresión de solidez y arraigo, pero también puede sugerir una cierta crudeza o incluso una amenaza latente. En definitiva, esta obra no busca ofrecer una narrativa clara, sino más bien provocar una respuesta emocional en el espectador, invitándolo a reflexionar sobre temas como la fuerza, el instinto y la naturaleza humana.