George Cruikshank – A Runaway Knock
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En primer plano, un grupo de pequeños perros de aspecto exótico se encuentra disperso, algunos sentados, otros en actitud juguetona o ligeramente alarmada. Su presencia introduce un elemento de domesticidad y curiosidad en el caos general. Justo delante de ellos, una figura corpulenta, vestida con ropas que evocan el siglo XVIII – un chaleco ricamente adornado sobre lo que parece ser un frac – emerge de la entrada principal de la casa. Su expresión es de asombro o incluso pánico; sus manos se alzan en señal de sorpresa, y su postura sugiere una huida precipitada.
La arquitectura del edificio es notablemente elaborada, con detalles ornamentales que denotan riqueza y refinamiento. A través de las ventanas, se divisan rostros observadores, posiblemente miembros de la familia o sirvientes, que contemplan la escena con una mezcla de diversión y consternación. La ventana central está repleta de plantas en macetas, un detalle que contrasta con el desorden exterior.
En el fondo, a la izquierda, se aprecia una multitud de figuras masculinas corriendo en dirección al espectador. Su movimiento frenético y su vestimenta similar sugieren una persecución o una especie de jolgorio desenfrenado. La presencia de esta multitud añade un elemento narrativo intrigante: ¿quiénes son estos hombres? ¿Por qué persiguen a la figura principal, o por qué huyen de él?
La composición general sugiere una ruptura del orden establecido. El hombre que sale corriendo, los perros descontrolados y la multitud en movimiento contrastan con la formalidad de la arquitectura y el aparente refinamiento del entorno. El subtexto podría apuntar a una parodia de las convenciones sociales o una crítica sutil a la ostentación y la frivolidad. La escena evoca un momento fugaz, capturado en medio de una situación inusual y potencialmente embarazosa para el protagonista. El artista parece interesado en explorar la fragilidad del decoro y la capacidad de lo inesperado para perturbar incluso los entornos más controlados.