Nikolay Feshin – Mexican grandmother (1927-1933)
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La técnica pictórica es notablemente expresiva. Se observa una pincelada gruesa y texturizada, con capas superpuestas de color que sugieren un proceso creativo dinámico y espontáneo. La paleta se centra en tonos terrosos: ocres, marrones, rojizos y amarillos, matizados con toques más fríos de grisáceo y blanco, especialmente alrededor del cuello y la zona superior de la imagen. Esta combinación cromática contribuye a una atmósfera melancólica y reflexiva.
El rostro de la mujer está marcado por las huellas del tiempo: arrugas profundas delinean sus ojos y boca, y su piel presenta una tonalidad oscura que podría indicar exposición al sol o simplemente el paso de los años. Sus ojos, aunque parcialmente cerrados, transmiten una sensación de introspección y quizás un ligero cansancio. La expresión es compleja; no se trata de una sonrisa abierta ni de una mueca de dolor, sino más bien de una quietud contenida que sugiere una vida llena de experiencias.
La forma en que el artista ha tratado la luz es significativa. No hay una fuente de luz clara y definida; en cambio, la iluminación parece provenir de múltiples direcciones, creando sombras sutiles que modelan las facciones del rostro y acentúan su textura. Esto contribuye a un efecto de realismo psicológico, sugiriendo una comprensión profunda de la personalidad de la retratada.
Más allá de la representación literal de una mujer mayor, esta pintura evoca temas universales como el envejecimiento, la memoria, la sabiduría y la dignidad. La figura parece encarnar la fuerza silenciosa que a menudo se asocia con las mujeres mayores, especialmente aquellas que han vivido vidas marcadas por el trabajo duro y la responsabilidad familiar. El retrato no busca idealizar a la mujer; más bien, celebra su individualidad y complejidad, invitando al espectador a contemplar la belleza en la imperfección y la riqueza de la experiencia humana. La atmósfera general es de respeto y empatía hacia una persona que ha vivido una vida plena.