Nikolay Feshin – Manuelita with kachina - a ritual toy (1927-1933)
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Aquí se observa a una niña sentada sobre un objeto que parece ser un mueble de madera, posiblemente un taburete o una pequeña silla. La figura ocupa el centro del encuadre, con una composición vertical que enfatiza su presencia y la dirección de su mirada hacia abajo. Su vestimenta es sencilla: un vestido rosado de corte recto, con detalles en blanco que sugieren pliegues y texturas. Los zapatos blancos, ligeramente desgastados, completan su atuendo.
La expresión de la niña es notablemente introspectiva; una mezcla de melancolía y quietud se refleja en sus ojos oscuros. No hay indicios de alegría o juego evidente. Su postura, encorvada sobre sí misma, contribuye a esta atmósfera de recogimiento. A sus pies, reposa un objeto que parece ser una figura ritualística, posiblemente una representación simplificada de una kachina, con colores vivos y formas estilizadas. Este elemento introduce una capa adicional de significado cultural y espiritual.
La técnica pictórica es marcada por pinceladas sueltas y expresivas, lo que confiere a la obra una sensación de inmediatez y vitalidad. La luz incide sobre la figura desde un lado, creando contrastes de claroscuro que modelan sus facciones y resaltan las texturas del vestido y los zapatos. El fondo es difuso, con tonos terrosos y amarillentos que sugieren un paisaje árido o desértico. Esta falta de detalle en el trasfondo concentra la atención del espectador sobre la niña y su acompañante ritual.
Más allá de una simple representación de una joven, esta pintura parece explorar temas relacionados con la identidad cultural, la infancia y la espiritualidad. La presencia de la kachina sugiere una conexión con las tradiciones ancestrales y un mundo simbólico que trasciende lo cotidiano. El semblante pensativo de la niña podría interpretarse como una reflexión sobre su lugar en ese contexto cultural, o quizás como una expresión de la soledad inherente a la infancia. La obra invita a considerar la complejidad de la experiencia humana desde la perspectiva de una niña que se encuentra al borde de dos mundos: el personal y el comunitario, el individual y lo ancestral. El contraste entre la fragilidad de su figura y la solidez del objeto ritualístico genera una tensión visual que refuerza esta ambigüedad interpretativa.