Pieter Brueghel the Younger – Adoration of the Magi
Ubicación: Hermitage, St. Petersburg (Эрмитаж).
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El primer plano está poblado por un grupo numeroso de figuras humanas, vestidas con ropas coloridas y variadas. Se percibe una multitud heterogénea: algunos se acercan caminando, otros corren o juegan en la nieve. La disposición de las personas no parece ser aleatoria; hay una sensación de movimiento convergente hacia un punto central, aunque este no es inmediatamente evidente. Se distinguen detalles como niños que resbalan sobre el hielo, hombres con atuendos más formales y mujeres ataviadas con ricos tejidos.
En la parte izquierda del cuadro, se aprecia una estructura arquitectónica tosca, posiblemente un establo o una vivienda humilde, donde se vislumbra una figura femenina con un niño pequeño. Esta área contrasta notablemente con el resto de la escena, sugiriendo una separación entre lo sagrado y lo profano, o quizás entre la humildad y la opulencia.
El fondo está ocupado por edificios más elaborados, incluyendo lo que parece ser una torre ruinosa a la derecha, que añade un elemento de decadencia y misterio al paisaje. La vegetación es escasa, con árboles desprovistos de hojas que se elevan hacia el cielo nublado.
La composición general sugiere una celebración o peregrinaje. El colorido de las vestimentas contrasta con la paleta fría del invierno, creando un efecto visual vibrante y llamativo. La multitud, aunque aparentemente caótica, parece estar dirigida por una fuerza invisible, sugiriendo una devoción colectiva o una búsqueda espiritual.
Más allá de lo evidente, se intuyen subtextos relacionados con la humildad, la fe y la esperanza en medio de la adversidad. El contraste entre la riqueza de algunas vestimentas y la sencillez del entorno podría aludir a la naturaleza paradójica de la divinidad: una presencia trascendente que se manifiesta en lo más humilde y terrenal. La torre ruinosa, por su parte, podría simbolizar la fragilidad de las estructuras humanas frente a la eternidad. La escena, en su conjunto, transmite un sentimiento de recogimiento y reverencia, invitando a la contemplación silenciosa del misterio que se despliega ante nuestros ojos.