Pieter Brueghel the Younger – Village Festival in Honour of St. Hubert and St. Anthony
Ubicación: Fitzwilliam Museum, Cambridge.
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El autor ha dispuesto la composición con una marcada sensación de movimiento y desorden controlado. En el primer plano, las acciones son particularmente intensas: vemos personajes en medio de peleas, otros bailando torpemente, algunos bebiendo directamente de un barril, mientras que otros parecen estar siendo víctimas de bromas o caídas accidentales. La energía es palpable, casi caótica, pero a la vez, hay una cierta estructura subyacente que evita el completo descontrol.
En el plano medio, la multitud se extiende hacia un área más organizada donde se aprecia una especie de plataforma elevada, posiblemente destinada a música o discursos. Se distinguen grupos conversando, comiendo y participando en actividades festivas menos violentas que las del primer plano. La presencia de banderas rojas sugiere una celebración religiosa o cívica específica.
El fondo revela un paisaje más tranquilo con edificios tradicionales y árboles frondosos. Un edificio imponente, posiblemente un castillo o una residencia señorial, se alza sobre el resto de la arquitectura, sugiriendo una jerarquía social implícita en la comunidad representada. La luz, aunque generalizada, parece incidir de manera desigual, creando contrastes que acentúan las figuras y los grupos más activos.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la naturaleza humana, el equilibrio entre la alegría y la violencia, y la complejidad de las relaciones sociales en un contexto rural. La exuberancia festiva contrasta con momentos de conflicto y desorden, sugiriendo una visión ambivalente de la sociedad representada. La aparente permisividad de la celebración podría interpretarse como una crítica velada a los excesos humanos o, alternativamente, como una simple descripción de las costumbres populares de la época. La presencia del edificio señorial en el fondo introduce un elemento de tensión social, insinuando una posible disparidad entre las clases sociales y sus respectivos roles dentro de la comunidad. En definitiva, la pintura invita a la reflexión sobre los aspectos más complejos y contradictorios de la vida humana, encapsulados en un único momento festivo.