Jacques-Louis David – Apollo and Diana Attacking the Children of Niobe
Ubicación: Museum of Art, Dallas, Texas.
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La composición presenta una escena dramática y caótica, dominada por un grupo de figuras humanas en distintos estados de sufrimiento y agonía. En el primer plano, una mujer vestida con ropas clásicas, posiblemente de estatus elevado dada la calidad de sus telas y adornos, extiende los brazos hacia el cielo en un gesto desesperado de súplica o lamento. Su rostro refleja angustia y terror.
Alrededor de ella, yacen cuerpos inertes, tanto niños como adultos, mostrando heridas visibles que sugieren una muerte violenta. La disposición de estos cuerpos es variada: algunos se retuercen por el dolor, otros están ya sin vida en posturas contorsionadas. El artista ha prestado especial atención a la representación del cuerpo humano, con un detallismo anatómico notable y un uso expresivo del claroscuro para enfatizar el sufrimiento físico.
En la parte superior de la imagen, dos figuras aladas se destacan sobre las nubes. Una figura masculina, montada en un carro tirado por caballos, empuña una lanza o flecha, apuntando hacia abajo con un gesto amenazante. La otra figura, femenina, también armada, parece participar activamente en el ataque. Su presencia sugiere la intervención de fuerzas divinas o sobrenaturales.
El fondo es oscuro y turbio, lo que contribuye a crear una atmósfera opresiva y trágica. El uso del color se centra en tonos cálidos como el rojo y el dorado para las ropas y los cuerpos, contrastando con los tonos fríos del cielo y el suelo.
Subtextos posibles:
La escena evoca un tema de castigo divino o venganza implacable. La mujer que suplica podría ser la representación de una madre que ha perdido a sus hijos, víctima de una fuerza superior incontrolable. Los cuerpos inertes simbolizan la fragilidad de la vida humana y la crueldad del destino.
La presencia de las figuras aladas sugiere un conflicto entre lo terrenal y lo celestial, o entre el poder humano y la voluntad divina. La lanza o flecha empuñada por la figura masculina podría representar la muerte o la destrucción, mientras que la participación activa de la figura femenina indica una complicidad en el acto violento.
En general, la pintura transmite un mensaje de desesperación, sufrimiento y pérdida, invitando a la reflexión sobre la naturaleza del poder, la justicia y la mortalidad humana. La composición dinámica y expresiva, junto con el uso magistral del color y el claroscuro, intensifican el impacto emocional de la escena.