Jacques-Louis David – Portrait of the Comtesse Vilain XIIII and her Daughter
Ubicación: National Gallery, London.
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La mujer viste un atuendo de época, con un vestido de corte imperio en tonos azul oscuro y detalles blancos de encaje alrededor del escote. La paleta cromática es contenida, dominada por los azules, ocres y blancos, lo cual contribuye a una atmósfera serena y algo melancólica. El cabello está recogido en un peinado elaborado, propio de la alta sociedad. Su rostro presenta una expresión solemne, con una mirada directa al espectador que transmite cierta introspección o incluso tristeza.
La niña, sentada sobre el regazo de su madre, muestra una actitud más espontánea y menos controlada. Su cabello rojizo contrasta notablemente con el tono oscuro del vestido de la mujer, atrayendo la atención hacia ella. La expresión en su rostro es seria, casi melancólica, lo que sugiere una posible conexión emocional entre ambas figuras.
La iluminación es suave y difusa, creando un ambiente íntimo y favoreciendo los volúmenes. Se aprecia una sutil gradación de luces y sombras que modelan los rostros y las telas, otorgando a la escena una sensación de realismo. El fondo es oscuro y neutro, lo que concentra la atención en las figuras principales.
Más allá de la representación literal de un retrato familiar, esta pintura parece sugerir subtextos relacionados con el estatus social, la maternidad y la introspección personal. La formalidad del atuendo y la postura de la mujer indican su pertenencia a una clase alta, mientras que la presencia de la niña refuerza el tema de la continuidad generacional y las responsabilidades familiares. La atmósfera melancólica general invita a la reflexión sobre temas más profundos como la pérdida, la soledad o la fragilidad de la existencia. El contraste entre la formalidad de la madre y la espontaneidad de la hija podría interpretarse como una representación de diferentes etapas de la vida o de las tensiones inherentes a la relación maternal.