James Ward – Interior of a Stable
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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El foco central recae sobre dos equinos: uno blanco, con un pelaje casi translúcido, y otro de coloración más oscura, ambos situados en el plano frontal. Su presencia imponente domina la composición, sugiriendo fuerza y laboriosidad. El caballo blanco, particularmente, parece irradiar una quietud melancólica, contrastando con la actividad que se desarrolla a su alrededor.
A la izquierda, un hombre inclinado sobre un recipiente de madera trabaja diligentemente. La figura está representada con pinceladas rápidas y expresivas, lo que sugiere movimiento y esfuerzo físico. Su postura encorvada y la intensidad de su mirada transmiten una sensación de dedicación al trabajo, pero también de fatiga y resignación. La presencia de un niño a sus pies añade una dimensión de continuidad generacional en esta labor rural.
El establo mismo se presenta como un espacio rústico y funcional. Las paredes de madera, toscamente construidas, están marcadas por el paso del tiempo y el uso constante. Un objeto colgante, posiblemente una lámpara o herramienta, cuelga del techo, contribuyendo a la sensación de encierro y oscuridad.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos ocres, marrones y grises, que refuerzan la atmósfera sombría y realista de la escena. La pincelada suelta y visible aporta una textura palpable a la superficie del lienzo, acentuando la sensación de crudeza y autenticidad.
Más allá de la representación literal de un establo y sus habitantes, esta pintura parece explorar temas como el trabajo manual, la vida rural, la conexión con la naturaleza y la dignidad en la labor cotidiana. La quietud contemplativa de los caballos contrasta con la actividad frenética del hombre, sugiriendo una reflexión sobre el ciclo vital y la relación entre el ser humano y el mundo animal. La atmósfera general evoca un sentimiento de melancolía y nostalgia por una forma de vida que se desvanece.