Giovanni Battista Cima da Conegliano – Madonna Of The Orange Tree
Ubicación: Gallery of Accademia, Venice (Gallerie dell’Accademia).
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En primer plano, una mujer con el Niño Jesús en brazos ocupa el centro de la escena. Su mirada es serena y dirigida hacia adelante, transmitiendo una sensación de calma maternal. El niño, sostenido con delicadeza, parece observar al anciano que se acerca. A su derecha, un hombre ataviado con ropas sacerdotales, posiblemente un santo o figura religiosa, extiende su mano en señal de saludo o bendición. La disposición de estas tres figuras sugiere una interacción significativa, aunque el carácter preciso de esta relación permanece ambiguo.
A la izquierda, un anciano de barba blanca y complexión desnuda se aproxima con cautela. Su postura es reverencial, casi sumisa, y su mirada está fija en la mujer y el niño. La desnudez del hombre podría interpretarse como símbolo de humildad o pureza espiritual, despojándose de lo mundano para acercarse a lo divino.
El árbol de naranja que se alza detrás del grupo central es un elemento simbólico clave. Sus frutos sugieren abundancia, fertilidad y la promesa de una vida eterna. La exuberante vegetación enmarca la escena, creando una atmósfera de jardín paradisíaco. El paisaje urbano distante, con sus edificios y torres, introduce una nota de realidad terrenal que contrasta con la idealización del grupo central.
La luz juega un papel fundamental en la composición. Proviene principalmente de la izquierda, iluminando los rostros y las figuras principales, mientras que el fondo permanece envuelto en sombras suaves. Esta iluminación contribuye a crear una sensación de profundidad y misterio.
En cuanto a subtextos, se puede inferir una narrativa de encuentro entre lo humano y lo divino. El anciano representa la humanidad pecadora buscando redención, mientras que la mujer con el Niño simboliza la gracia divina ofrecida al mundo. La presencia del sacerdote refuerza esta interpretación, sugiriendo un papel mediador entre la tierra y el cielo. La composición invita a la reflexión sobre temas como la fe, la humildad, la pureza y la búsqueda de la trascendencia. El uso de elementos naturales, como el árbol de naranja y el paisaje, sugiere una conexión intrínseca entre lo terrenal y lo espiritual.