Pietro Longhi – Concertino. (1741). Venezia, Galleria dellAccademia
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Un conjunto de personajes se reúne alrededor de lo que parece ser una cama cubierta con telas floreadas y ricamente decoradas. Dos músicos, uno tocando el violín mientras otro dirige con una pandereta, son los protagonistas inmediatos. La figura central, ataviada con un elegante traje y sombrero, irradia una presencia teatral, casi como si estuviera consciente de ser observada. La postura del violinista a su derecha es más reservada, concentrada en la ejecución.
A la izquierda, dos figuras adicionales participan en una partida de cartas. Una mujer, cubierta por un tocado blanco que resalta sus facciones, observa atentamente las manos de su oponente, un hombre con peluca y atuendo formal. La atmósfera es de relajada camaradería, aunque se percibe cierta tensión en la concentración de los jugadores. Un joven, situado a la izquierda del espectador, parece estar escuchando la música con una expresión de curiosidad.
El suelo está cubierto por una alfombra oscura, sobre la cual descansa un pequeño perro blanco, aparentemente ajeno al evento que tiene lugar. Partituras musicales se encuentran esparcidas sobre la cama y en el suelo, indicando la naturaleza improvisada o informal del concierto.
Más allá de la representación literal de una reunión musical, la pintura sugiere una exploración de las jerarquías sociales y los roles de género de la época. La presencia de personajes de diferentes edades y estatus económicos apunta a un microcosmos de la sociedad veneciana. La mujer en el juego de cartas, aunque vestida con elegancia, parece estar subordinada al hombre, reflejando las convenciones sociales del período. El joven observador podría simbolizar la promesa de una nueva generación que hereda las tradiciones y costumbres representadas.
En general, la obra transmite una sensación de intimidad y sofisticación, invitando a la reflexión sobre el placer estético, las relaciones humanas y los códigos sociales de la Venecia del siglo XVIII. La composición equilibrada y la paleta de colores cálidos contribuyen a crear una atmósfera envolvente que cautiva al espectador.