Pietro Longhi – The Tailor
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El foco central recae en cuatro personajes: un hombre mayor, presumiblemente el sastre, que sostiene una prenda elaborada con un estampado floral oscuro; una mujer joven, probablemente su asistente, quien le muestra el tejido; una dama sentada, ataviada con un vestido de color ocre y encajes delicados, que parece observar la presentación con cierta formalidad; y una niña pequeña, vestida con un traje rosa, que se encuentra a sus pies, distraída por un pequeño perro blanco.
La composición es cuidadosamente estructurada para sugerir una jerarquía social. El hombre mayor, aunque el centro de la acción, no irradia una autoridad abrumadora. La dama sentada, con su postura y vestimenta, transmite una sensación de superioridad y control. La asistente, ubicada entre los dos personajes principales, parece actuar como intermediaria, facilitando la interacción pero sin participar plenamente en ella. La niña, relegada a un segundo plano, simboliza quizás la inocencia o el futuro de la familia.
El uso del color es notable. Los tonos cálidos y terrosos predominan, creando una atmósfera íntima y confortable. El contraste entre los colores apagados del fondo y la brillantez de la prenda floral atrae inmediatamente la atención del espectador hacia el objeto de interés: la confección. La luz, aunque tenue, ilumina los rostros de los personajes, permitiendo apreciar sus expresiones sutiles.
Más allá de una simple representación de un sastre mostrando su trabajo a un cliente, esta pintura parece explorar temas relacionados con el estatus social, la riqueza y las relaciones familiares. La presencia del retrato en la pared sugiere una preocupación por la genealogía y la preservación de la memoria familiar. La formalidad de la escena, contrastada con la distracción de la niña y el perro, podría interpretarse como una crítica sutil a las convenciones sociales y a la rigidez de la vida burguesa. La prenda que se exhibe no es solo un objeto de vestimenta, sino también un símbolo de poder y distinción social.