Pietro Longhi – The Game of the Cooking Pot, c. 1744, 49.9x61.7 cm,(1
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En primer plano, tres figuras dominan el espacio visible: dos mujeres y un hombre. La mujer a la izquierda, vestida con un atuendo delicado adornado con una flor en el cabello, mira hacia adelante con una expresión serena, casi distraída. A su lado, otra mujer, ligeramente más joven, parece observar al hombre que se encuentra entre ellas. Este último, ataviado con un elegante traje de chaqueta y peluca empolvada, dirige su mirada fuera del plano, sugiriendo una conversación o interacción que escapa a nuestra vista. La disposición de los personajes sugiere una relación cercana, posiblemente familiar o amistosa.
Sobre la mesa, cubierta con un paño carmesí, se disponen diversos objetos: una bandeja con alimentos (posiblemente pan y algún tipo de pastel), botellas de vidrio y una copa. Estos elementos apuntan a una actividad social, quizás un refrigerio o un momento de ocio compartido. La presencia de la comida, aunque modesta en su presentación, subraya el confort económico de los personajes representados.
En la pared del fondo, se distingue un cuadro más pequeño, enmarcado con dorado. Su temática parece ser paisajística, mostrando una escena rural con figuras humanas a lo lejos. Este cuadro dentro del cuadro introduce una capa adicional de significado: podría interpretarse como una referencia al ideal bucólico y pastoril que era tan popular en la época, o simplemente como un elemento decorativo más que refleja el gusto estético de los propietarios de la estancia.
La iluminación es tenue y uniforme, creando una atmósfera suave y contemplativa. La paleta de colores se centra en tonos terrosos y apagados, con toques de rojo en la tela de la mesa y blanco en las vestimentas de las mujeres. Esta elección cromática contribuye a la sensación de intimidad y elegancia que impregna la escena.
En términos de subtexto, la pintura invita a reflexionar sobre los rituales sociales y las dinámicas interpersonales dentro de una clase privilegiada. La aparente banalidad del momento retratado – un simple refrigerio compartido – contrasta con la sofisticación de la vestimenta y el entorno, sugiriendo una preocupación por la apariencia y el mantenimiento de un cierto estatus social. El gesto de mirar fuera del plano por parte del hombre introduce una ambigüedad que invita a imaginar las conversaciones y los pensamientos que se ocultan tras la superficie de la escena. La pintura, en su conjunto, ofrece una ventana a un mundo de refinamiento y discreción, donde incluso los momentos más cotidianos están impregnados de significado social.