Pietro Longhi – La polenta. (1735-40). Venezia, ca Rezzonico.
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El foco principal recae en tres figuras humanas: dos mujeres y un hombre. Una de las mujeres, sentada sobre un barril, vierte con aparente diligencia el contenido de una olla hacia un plato que sostiene otro hombre, inclinado hacia delante con gesto expectante. La otra mujer, situada detrás, parece ofrecer un paño o tela a la primera, participando en la acción de manera más discreta. La figura masculina, además de recibir la comida, porta un palo largo apoyado sobre el barril, posiblemente una herramienta de trabajo. Un joven, vestido con un sombrero y chaqueta oscura, observa la escena desde un lateral, sosteniendo lo que parece ser un instrumento musical, quizás una flauta o similar.
El ambiente general transmite una sensación de cotidianidad y laboriosidad. La disposición de los objetos –la olla, el plato, el paño, el barril– sugiere una preparación de alimentos sencilla pero sustancial. La presencia del joven con el instrumento musical introduce un elemento de pausa y distensión en la escena, como si la tarea diaria se interrumpiera brevemente para disfrutar de un momento de esparcimiento.
En cuanto a los subtextos, la pintura podría interpretarse como una representación idealizada de la vida campesina o artesanal veneciana del siglo XVIII. La ausencia de ostentación y la simplicidad de las vestimentas sugieren una clase social humilde, pero el gesto de compartir la comida y la presencia de la música implican también un sentido de comunidad y alegría en medio de la labor diaria. La luz que ilumina a los personajes principales podría simbolizar la dignidad del trabajo manual y la importancia de los valores familiares. La composición, con sus figuras dispuestas alrededor del plato de comida, crea una sensación de intimidad y cercanía entre los presentes, reforzando la idea de un ambiente doméstico acogedor y familiar. La atmósfera general invita a reflexionar sobre la belleza que reside en las cosas simples y el valor de la vida cotidiana.