Pietro Longhi – Visita in bautta. (1760). Venezia, Ca Rezzonico.
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En el centro, dos adultos ocupan la posición más prominente. El hombre, vestido con un justillo carmesí ricamente adornado, parece estar ofreciendo algo a la mujer que le acompaña. Su postura es ligeramente inclinada hacia ella, indicando una interacción cercana y posiblemente de cortesía. La dama, ataviada con un elegante vestido rojo con detalles marinos en el bajo, mantiene una expresión serena y una pose formal, aunque su mirada se dirige hacia abajo, quizás enfocándose en la bebé que sostiene entre sus brazos. La presencia del niño, envuelto en telas blancas, introduce un elemento de intimidad familiar a la escena.
A la izquierda, una figura vestida con hábito oscuro observa la interacción central. Su rostro permanece parcialmente oculto por el capuchón, lo que le confiere un aire de misterio y distancia. Podría tratarse de un sacerdote o algún otro miembro del clero, implicando una dimensión religiosa o espiritual en el contexto social representado.
En el extremo derecho, un niño pequeño, vestido con ropas más sencillas, parece estar sirviendo algo sobre una pequeña mesa. Su presencia sugiere la jerarquía social y los roles dentro del hogar.
El fondo está definido por paredes tapizadas con papel de pared damasco, un busto en un pedestal y un espejo ovalado que refleja fragmentos del espacio circundante. Estos elementos contribuyen a crear una atmósfera opulenta y refinada, característica de la nobleza veneciana. La iluminación es suave y difusa, favoreciendo los tonos cálidos y resaltando las texturas de los tejidos y los objetos presentes.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con el estatus social, la etiqueta cortesana y la dinámica familiar en la Venecia del siglo XVIII. La formalidad de las poses y la vestimenta sugieren una preocupación por la apariencia pública y el mantenimiento de la reputación. La presencia de la figura religiosa podría aludir a la importancia de la fe en la vida cotidiana de la época, mientras que la inclusión del niño introduce un elemento de continuidad generacional y esperanza para el futuro. La escena, aunque aparentemente sencilla, encierra una complejidad social y cultural que invita a una reflexión más profunda sobre los valores y las costumbres de la sociedad veneciana del siglo XVIII.