Pietro Longhi – Il farmacista. (1752). Venezia, Galleria dellAccademia.
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El espacio está densamente poblado de elementos que contribuyen a la atmósfera general. Estanterías repletas de frascos, tarros y utensilios de laboratorio ocupan gran parte del fondo, sugiriendo una amplia gama de productos y conocimientos disponibles. Un retrato al óleo, colgado sobre las estanterías, introduce un elemento de formalidad y posiblemente representa a algún miembro importante de la familia o patrón del farmacéutico.
A ambos lados de la escena principal se despliegan otros personajes que enriquecen el relato. A la izquierda, dos hombres observan con atención lo que sucede; uno parece estar tomando notas, mientras que el otro muestra una expresión más contemplativa. En la esquina inferior izquierda, un joven está absorto en su trabajo, posiblemente preparando alguna fórmula o sustancia. Finalmente, a la derecha, una mujer mayor, vestida de negro y con un libro abierto sobre la mesa, podría ser una asistente del farmacéutico o incluso una paciente esperando su turno.
La iluminación es clara y uniforme, permitiendo apreciar los detalles de las ropas, los objetos y los rostros de los personajes. La paleta de colores es rica en tonos cálidos, dominados por el amarillo de la levita del farmacéutico y el rojo del corpiño de la joven, que contrastan con los fondos más oscuros.
Más allá de la representación literal de una consulta médica, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre el conocimiento, la ciencia y las relaciones sociales en el siglo XVIII. La presencia de múltiples personajes, cada uno inmerso en su propia actividad, crea una sensación de dinamismo y complejidad. El retrato al óleo en el fondo podría interpretarse como un símbolo del poder y la tradición, mientras que la atención meticulosa a los detalles de los objetos y las ropas revela una preocupación por la precisión y la representación fiel de la realidad. La escena evoca una atmósfera de confianza y profesionalismo, pero también insinúa la vulnerabilidad inherente al acto de confiar en el conocimiento ajeno para aliviar el sufrimiento.