Jacques Emile Blanche – Sur La Terrasse
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La figura principal, situada en el fondo, descansa sobre una silla con respaldo de mimbre. Porta un parasol amarillo pálido, que proyecta una sombra suave sobre su rostro y vestimenta. Su atuendo es elegante: un vestido blanco con detalles oscuros y un corsé que define la silueta de la época. La postura es relajada, pero con cierta formalidad, lo que sugiere un estatus social elevado.
En primer plano, una segunda mujer se encuentra de pie, ligeramente alejada de la primera. Viste un traje rosa pálido y un sombrero grande adornado con cintas amarillas. Su mirada parece dirigida hacia el exterior, más allá del marco de la pintura, insinuando una cierta melancolía o distracción. La posición de su cuerpo es tensa, contrastando con la relajación de la mujer sentada.
El perro, situado a los pies de la silla, añade un elemento de cotidianidad y familiaridad a la escena. Su presencia sugiere un ambiente doméstico y confortable.
La paleta de colores es delicada y pastelera, dominada por tonos rosados, amarillos y blancos. La pincelada es suelta e impresionista, capturando la atmósfera luminosa y vibrante del momento. El uso de contornos difusos contribuye a una sensación de suavidad y transitoriedad.
Más allá de la representación literal de una escena de ocio, esta pintura parece explorar temas como la clase social, el tiempo libre y la contemplación. La diferencia en las posturas y vestimentas de las dos mujeres podría interpretarse como una reflexión sobre los roles femeninos de la época o sobre las diferentes formas de experimentar el mundo. El parasol, símbolo de protección contra el sol, también puede aludir a la fragilidad y vulnerabilidad inherentes a la existencia humana. La mirada perdida de la mujer en primer plano sugiere una introspección profunda, invitando al espectador a reflexionar sobre sus propios pensamientos y emociones. En definitiva, la obra evoca un sentimiento de nostalgia y quietud, capturando un instante fugaz de belleza y serenidad.