Robert Smirke – The Seven Ages of Man- Second Childishness, ‘As You Like It’, II/VII
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En primer plano, un niño pequeño, arrodillado sobre el suelo, se encuentra absorto en sus juegos. A su alrededor, juguetes dispersos sugieren una infancia despreocupada que contrasta con la solemnidad del anciano que domina la composición. El niño parece ignorar por completo a la figura mayor, concentrado en su propio mundo.
El anciano, sentado en un sillón mullido y envuelto en una manta, es el eje central de la pintura. Su rostro, marcado por las arrugas y la fragilidad, transmite una profunda reflexión sobre el paso del tiempo. Sus ojos, aunque apagados, parecen observar al niño con una mezcla de nostalgia y resignación. La postura encorvada y la expresión sombría acentúan su vulnerabilidad y su cercanía a la muerte.
A la izquierda, una mujer sentada en un sillón observa la escena con semblante preocupado. Su mirada se dirige hacia el anciano, sugiriendo una relación de cuidado y dependencia. La presencia femenina aporta una dimensión emocional a la pintura, insinuando la fragilidad humana y la inevitabilidad del declive.
El mobiliario, aunque modesto, contribuye a crear un ambiente hogareño y familiar. El aparador en el centro, con sus cajones cerrados, simboliza quizás los secretos y las experiencias guardadas a lo largo de una vida. Los cuadros colgados en la pared añaden profundidad al espacio y sugieren un trasfondo cultural e intelectual.
La composición general transmite una sensación de quietud y contemplación. La yuxtaposición del niño jugando con el anciano reflexionando sobre su existencia evoca la fugacidad de la vida y la inevitabilidad del cambio. Se intuye una reflexión sobre las etapas vitales, la pérdida de la juventud y la aceptación de la vejez como parte integral del ciclo natural. El contraste entre la energía infantil y la decadencia senil genera una tensión emocional que invita a la meditación sobre el destino humano. La escena, en su aparente sencillez, encierra una profunda carga simbólica.