Mark Gertler – supper 1928
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La mesa está cargada de abundancia: una cesta rebosa de frutas variadas –manzanas, uvas, peras–, junto a una botella de vidrio ámbar, copas, un plato con lo que parece ser café o té, y otros objetos cuyo significado preciso se diluye en la acumulación. Un jarrón de flores, con predominio de tonalidades rojas y amarillas, se alza a la derecha, contribuyendo a la sensación de opulencia y vitalidad.
El fondo es un tapiz de colores intensos, donde las formas vegetales –rosas y otras flores– se entrelazan en una densa maraña que parece extenderse indefinidamente. Esta exuberancia cromática contrasta con la quietud de la figura central, creando una tensión entre el dinamismo del entorno y la inmovilidad del sujeto.
La pintura sugiere subtextos relacionados con la prosperidad material y la decadencia moral. La abundancia de alimentos y objetos puede interpretarse como un símbolo de riqueza y confort, pero también como una máscara que oculta una posible insatisfacción o vacío interior. La mirada distante de la mujer, su postura relajada pero desinteresada, podrían aludir a una cierta alienación frente a la propia opulencia. La bata de piel, elemento de lujo y ostentación, podría ser interpretada como un signo de privilegio social, pero también como una carga que pesa sobre los hombros de quien la lleva.
En definitiva, el autor ha construido una escena rica en detalles y matices, donde la belleza formal se combina con una sutil crítica a los valores de su época. La composición invita a la reflexión sobre la relación entre el individuo y la sociedad, la apariencia y la realidad, la abundancia y la carencia.