Thomas Phillips – Elizabeth Howard
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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La mujer lleva un vestido de corte imperio, de color negro intenso, con un escote adornado por encaje blanco translúcido que revela delicadamente sus hombros. La tela parece caer suavemente sobre ella, creando un juego de luces y sombras que modelan su figura. Un velo ligero, también de tono oscuro, se extiende desde los hombros, añadiendo una sensación de misterio y sofisticación a la composición. Su peinado es elaborado, con el cabello recogido en un moño alto adornado con lo que parecen ser joyas o detalles decorativos.
El fondo presenta un paisaje difuminado, sugerido más que definido. Se distinguen elementos arquitectónicos clásicos – una columna de mármol y fragmentos de una estructura que podría ser un balcón o terraza – así como la presencia de árboles y un cielo con tonalidades azules y grises. Esta atmósfera brumosa contribuye a aislar a la retratada, enfatizando su individualidad y creando una sensación de introspección.
La paleta cromática es dominada por tonos oscuros: el negro del vestido, los verdes y azules del paisaje. El rojo intenso del sillón actúa como un punto focal que atrae la atención hacia la figura principal. La iluminación es suave y uniforme, sin contrastes dramáticos, lo cual contribuye a una atmósfera de serenidad y elegancia.
Subtextualmente, el retrato parece aspirar a transmitir una imagen de nobleza, riqueza y refinamiento. El vestido, los anillos, el peinado elaborado y la postura formal son todos indicadores de un estatus social elevado. La mirada directa sugiere confianza y dignidad. El paisaje al fondo, con sus elementos clásicos, podría simbolizar una conexión con la historia y la cultura. En conjunto, la obra evoca una sensación de quietud, introspección y una cierta melancolía inherente a los retratos de época. Se intuye una personalidad compleja, marcada por la formalidad pero también por una sutil vulnerabilidad que se revela en la expresión facial.