Francois-Hubert Drouais – Portrait of the Countess du Barry (1743-1793) as Flora
Ubicación: Museum of Fine Arts (Musée des Beaux-Arts), Agen.
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La paleta cromática es dominada por tonos pastel: rosas pálidos, blancos nacarados y verdes suaves que contribuyen a la atmósfera etérea y delicada del retrato. La luz incide sobre el rostro y los brazos de la mujer, resaltando la textura de su piel y la suntuosidad de sus joyas –un brazalete de perlas en una muñeca y un collar apenas visible – . La vestimenta, ligera y vaporosa, parece fundirse con el entorno brumoso, sugiriendo una conexión entre la figura y la naturaleza.
En las manos de la retratada se aprecia un ramo de flores, que ella misma sostiene como si estuviera ofreciéndolas o examinándolas con detenimiento. Este gesto, junto a la corona floral, alude directamente a Flora, la diosa romana de las flores y la primavera. La asociación con esta figura mitológica no es casual; implica una idealización de la belleza femenina, vinculándola a la fertilidad, el renacimiento y la gracia natural.
Más allá de la mera representación de una mujer hermosa, el retrato sugiere subtextos relacionados con la fragilidad de la belleza y la transitoriedad del poder. La expresión melancólica en el rostro de la retratada, aun en medio de su aparente opulencia, podría interpretarse como un presagio de su destino o una reflexión sobre la fugacidad de los placeres terrenales. El entorno brumoso, que difumina los contornos y atenúa la luz, contribuye a esta sensación de misterio e inestabilidad. La imagen evoca una atmósfera de decadencia elegante, propia del período rococó, donde la belleza y el refinamiento coexistían con la incertidumbre política y social. El uso de la iconografía mitológica sirve para enaltecer a la retratada, pero también introduce una capa de ambigüedad que invita a la reflexión sobre su posición y su destino.