Francois-Hubert Drouais – Marie-Josephine-Louise de Savoie (1753-1810), Comtesse de Provence
Ubicación: Palace of Versailles (Château de Versailles), Paris.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La mujer está representada de medio cuerpo, ligeramente girada hacia el espectador. Su expresión es serena, con una sutil sonrisa que sugiere confianza y distinción. El cabello, peinado a lo fontange, se eleva en una estructura elaborada adornada con rizos y volantes, un indicativo claro del gusto estético de la época.
En su mano derecha sostiene una rosa, cuyo color rosado contrasta delicadamente con el tono salmón de su vestido. La flor no solo sirve como accesorio decorativo, sino que también puede interpretarse como un símbolo de amor, belleza y fragilidad, elementos recurrentes en la iconografía femenina del siglo XVIII. Un ramillete similar se encuentra a sus pies, insinuando una abundancia discreta y refinada.
El vestido, confeccionado con tejidos lujosos como seda y encaje, exhibe una ornamentación profusa que denota su estatus social elevado. Los detalles de la costura, meticulosamente representados, revelan el cuidado puesto en la elaboración del atuendo. La disposición de los volantes y las mangas fruncidas contribuyen a crear un efecto visual de volumen y movimiento.
La composición general sugiere una intención de idealización. No se busca una representación realista, sino más bien una imagen que proyecte cualidades deseables: gracia, nobleza y refinamiento. El retrato parece concebido para perpetuar la memoria de la retratada y consolidar su posición dentro de la jerarquía social. La pose, la mirada directa al espectador y el gesto con la rosa sugieren un deseo de cercanía y accesibilidad, a pesar de la distancia impuesta por su condición privilegiada. La luz, cuidadosamente distribuida, contribuye a crear una atmósfera de misterio y sofisticación que envuelve a la figura retratada.