Louvre – ALBERTINELLI MARIOTTO - Madonna and Child with Saints Jerome and Zenobius, 1506 (co-authored with Francesco Franciabidgio)
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A ambos lados de la Virgen se encuentran dos figuras masculinas arrodilladas en señal de reverencia. Uno de ellos, a la izquierda, sostiene un libro abierto, presumiblemente una escritura sagrada, y alza su mano derecha como si ofreciera una plegaria o interpretara las escrituras. Su vestimenta es sencilla, con tonos rosados y ocres que sugieren humildad y penitencia. El otro personaje, a la derecha, ataviado con indumentaria episcopal de gran pompa – un manto rojo adornado con detalles dorados – muestra sus palmas abiertas en un gesto de súplica o adoración. La presencia del obispo sugiere una conexión entre el mundo terrenal y el divino, así como la importancia de la Iglesia en la mediación espiritual.
El fondo presenta un paisaje montañoso que se extiende hasta perderse en la lejanía, donde se vislumbra una ciudad fortificada con torres y murallas. Este elemento arquitectónico podría simbolizar la Jerusalén celestial o representar una ciudad terrenal a la que los santos aspiran alcanzar. La perspectiva atmosférica, con el uso de tonos azulados para sugerir profundidad, contribuye a crear una sensación de trascendencia.
En primer plano, sobre una estructura rectangular decorada con relieves escultóricos que representan figuras humanas, se aprecia un suelo oscuro y rugoso. Este detalle introduce una nota de realismo en la escena, contrastando con la idealización de las figuras principales.
La composición general es equilibrada y armoniosa, aunque el uso del claroscuro acentúa los volúmenes y crea una sensación de dramatismo. La luz, proveniente de un punto indeterminado, ilumina principalmente a la Virgen y al Niño, atrayendo la atención del espectador hacia ellos. La pintura transmite un mensaje de fe, devoción y esperanza en la salvación, invitando a la contemplación y a la reflexión sobre los misterios de la divinidad. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía: la Virgen y el Niño ocupan el lugar central, mientras que los santos actúan como intercesores entre lo divino y lo humano.