Louvre – Castiglione Giovanni Benedetto - The Adoration of the Shepherds
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La Virgen, vestida con un manto azul intenso, observa al niño con una expresión de ternura y melancolía contenida. Su postura, ligeramente inclinada sobre el bebé, sugiere protección y afecto maternal. El Niño, envuelto en telas blancas, parece dormir plácidamente, ajeno a la conmoción que su nacimiento ha provocado.
Un anciano de barba larga y vestiduras sencillas se encuentra arrodillado junto a la Virgen, con una expresión de reverencia y asombro. A su lado, otros pastores, ataviados con ropas toscas y descalzos, contemplan al niño con igual devoción. La diversidad en sus rostros – algunos muestran sorpresa, otros alegría, otros aún un temor respetuoso – contribuye a la sensación de autenticidad y realismo de la escena.
En el plano superior, una multitud de ángeles desciende del cielo, iluminados por una luz dorada. Uno de ellos ofrece una corona, símbolo de realeza divina, mientras que otro toca un instrumento musical, creando una atmósfera celestial y festiva. La disposición de los ángeles, con sus alas extendidas, genera una sensación de movimiento y dinamismo en la composición.
El paisaje de fondo es oscuro y brumoso, lo que acentúa el protagonismo de la escena central. Se intuyen montañas lejanas y un cielo tormentoso, contrastando con la serenidad y la luz que emanan del grupo principal. La presencia de animales – ovejas y gallinas – en primer plano refuerza la idea de humildad y sencillez.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la divinidad encarnada en lo humilde, la fe frente a lo desconocido, y la universalidad del amor maternal. El contraste entre la luz divina y la oscuridad terrenal sugiere una trascendencia espiritual que supera las limitaciones de la existencia humana. La representación de los pastores, figuras típicamente asociadas con la pobreza y la marginalidad, enfatiza la idea de que la salvación está al alcance de todos, independientemente de su condición social. El gesto de ofrecer la corona implica un reconocimiento del poder divino y una invitación a la adoración. En definitiva, se trata de una representación conmovedora de un momento sagrado, cargada de simbolismo y significado religioso.