Louvre – FETTY DOMENICO - Melancholy, or the Penitent Magdalene
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Aquí se observa una composición de marcado contraste lumínico y cromático que centra la atención en una figura femenina sumida en un estado de profunda reflexión o dolor. La joven, vestida con ropas sencillas de tonos claros, se inclina sobre un cráneo humano, cubriéndose el rostro con una mano mientras su cuerpo adopta una postura encorvada, casi derrotada. La luz incide directamente sobre ella, resaltando la textura de sus cabellos oscuros y la delicadeza de sus facciones, aunque estas están veladas por la tristeza.
El entorno inmediato es un espacio arquitectónico fragmentado, con muros ruinosos que sugieren decadencia y transitoriedad. Un cielo abierto se vislumbra a través del arco, ofreciendo una perspectiva amplia y luminosa que contrasta fuertemente con la penumbra que envuelve a la figura principal. A sus pies, un libro abierto, un cáliz de plata y lo que parecen ser instrumentos musicales (una quena o flauta) yacen abandonados, elementos que podrían aludir a una vida pasada, quizás dedicada a placeres mundanos ahora repudiados.
La presencia del cráneo es el elemento central de la iconografía, evocando la memento mori, un recordatorio constante de la mortalidad y la fugacidad de la existencia terrenal. El gesto de la mujer al tocarlo con delicadeza sugiere una aceptación melancólica de su destino, o quizás una búsqueda de consuelo en la contemplación de la muerte como liberación del sufrimiento.
La composición es densa en simbolismo. La yuxtaposición de elementos religiosos (el cáliz) y profanos (los instrumentos musicales) apunta a un conflicto interno, una lucha entre el deseo de redención y los vestigios de una vida anterior. El uso de la luz y la sombra no solo define las formas, sino que también contribuye a crear una atmósfera de introspección y arrepentimiento. La figura femenina, aislada en su dolor, transmite un sentimiento universal de melancolía y búsqueda espiritual. El espacio arquitectónico deteriorado refuerza la idea de pérdida y decadencia, mientras que el cielo abierto sugiere una esperanza tenue, una promesa de trascendencia más allá del sufrimiento terrenal. En definitiva, se trata de una representación visualmente impactante de un estado emocional complejo, cargada de simbolismo religioso y filosófico.