Francois Pascal Simon Gerard – Portrait of Queen Marie Amelie of Bourbon (1782-1866)
Ubicación: Conde Museum (Musée Condé), Chantilly.
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La mujer exhibe una expresión serena, casi melancólica, que invita a la reflexión sobre su interioridad. Sus ojos, de un color indefinido pero expresivos, parecen escudriñar al observador con cierta intensidad. La luz incide principalmente en su rostro, resaltando sus facciones delicadas y enfatizando la palidez de su piel, característica común en los retratos de la época que buscaba idealizar la belleza femenina.
El cabello, peinado con un estilo característico del siglo XIX, está recogido en una elaborada disposición adornada con una diadema brillante. Esta joya, junto con el collar de perlas y los detalles sutiles del vestido, denotan su posición social privilegiada y su conexión con la nobleza. El atuendo, de colores oscuros y ricos, presenta un corte sobrio pero elegante, con mangas abullonadas que añaden volumen a la figura.
El fondo es difuso y nebuloso, pintado en tonos verdes y azules que crean una atmósfera suave y etérea. Esta técnica contribuye a aislar a la retratada del entorno, concentrando la atención del espectador sobre su persona. La pincelada es precisa y detallista, especialmente en la representación de los tejidos y las joyas, lo cual revela el dominio técnico del artista.
Más allá de la mera representación física, el retrato parece sugerir una complejidad emocional. La mirada introspectiva, la expresión contenida y la atmósfera melancólica transmiten una sensación de soledad o quizás de resignación ante un destino marcado por las convenciones sociales. Se intuye una vida marcada por responsabilidades y deberes, donde la individualidad se ve limitada por el estatus social. El retrato, en definitiva, no es solo una imagen de una mujer, sino también un documento que nos permite vislumbrar fragmentos de su mundo interior y del contexto histórico en el que vivió. La inscripción visible en la parte inferior sugiere la autoría de un artista reconocido, lo cual refuerza aún más la importancia y el valor del retrato como testimonio artístico y social.