Joseph Wright of Derby – Portrait of Susannah Leigh
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La modelo está representada de tres cuartos, una pose convencional para los retratos de la época, permitiendo una visión tanto del rostro como del torso. Su expresión es melancólica, con una mirada ligeramente desviada hacia abajo, lo que sugiere introspección o quizás un ligero desconcierto. No se trata de una sonrisa abierta y jovial; más bien, hay una sutil tristeza en sus ojos y la comisura de sus labios.
El atuendo es característico del período: un vestido de color verde azulado con mangas abullonadas y un chal o faja anaranjada que contrasta con el tono frío del vestido. La ornamentación es discreta, limitándose a una diadema adornada con pequeñas flores o detalles dorados en su cabello. El peinado, alto y voluminoso, es típico de la moda femenina de la época, aunque se observa cierta simplificación en comparación con los estilos más elaborados.
La iluminación es suave y difusa, creando un ambiente íntimo y favorecedor para la modelo. Se aprecia una luz cálida que ilumina su rostro y cuello, resaltando la textura de la piel y el brillo del cabello. La pincelada es fluida y delicada, especialmente en la representación de los tejidos, donde se perciben las sutiles ondulaciones y pliegues de la tela.
Más allá de la mera representación física, la pintura transmite una sensación de fragilidad y vulnerabilidad. La mirada baja y la expresión melancólica sugieren un estado emocional complejo, que podría interpretarse como resignación, nostalgia o incluso una leve angustia. El contexto histórico sugiere que este retrato pudo haber sido encargado para conmemorar algún evento significativo en la vida de la modelo, quizás un matrimonio, una pérdida o un cambio social importante. La sobriedad del fondo y la ausencia de elementos decorativos adicionales refuerzan la idea de un retrato psicológico más que puramente formal. La pintura invita a la reflexión sobre el estado interior de la retratada, dejando al espectador con una impresión duradera de su carácter y su época.