Part 3 – Lucas Cranach I (1472-1553) - David and Bathsheba
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En el plano superior, una multitud masculina, ataviada con ropajes ricos y variados – algunos en tonos carmesí y otros en azules y verdes– parece asistir a un espectáculo. Uno de ellos toca una cítara, mientras otro, vestido de rojo, se inclina hacia delante con gesto inquisitivo. La disposición de estos personajes sugiere una atmósfera de curiosidad mezclada con cierta distancia moral. La luz que ilumina sus rostros es tenue, casi espectral, lo que contribuye a la sensación de observación desde un lugar privilegiado y quizás crítico.
En el plano inferior, una mujer sentada en primer término domina la escena. Su vestimenta, de terciopelo oscuro adornado con detalles dorados, denota su posición social elevada. Su rostro es sereno, casi inexpresivo, lo que dificulta la interpretación de sus emociones. A sus pies, una joven, vestida con un sencillo traje rojo, le está lavando los pies con devoción. Este acto de humildad contrasta fuertemente con el lujo y la opulencia que rodean a la mujer sentada. A ambos lados de la mujer principal se encuentran otras dos figuras femeninas, igualmente elegantemente ataviadas, que parecen acompañarla o servirla.
La vegetación exuberante que enmarca a la mujer central crea una barrera visual entre ella y los observadores del balcón, sugiriendo un espacio íntimo y reservado. El suelo, cubierto de piedras y hierba, aporta una nota de realismo a la escena, contrastando con la idealización de las figuras humanas.
Subtextualmente, la pintura plantea interrogantes sobre el poder, la moralidad y la redención. El acto de lavar los pies, tradicionalmente asociado con la humildad y el servicio, podría interpretarse como un símbolo de arrepentimiento o expiación. La presencia de los observadores en el balcón sugiere una reflexión sobre la justicia divina y las consecuencias del pecado. La aparente indiferencia de la mujer sentada frente al acto de devoción que se le ofrece es particularmente intrigante; ¿es esto una muestra de vanidad, de desapego o de algo más profundo? La composición general invita a la contemplación y a la interpretación subjetiva, dejando espacio para múltiples lecturas. La paleta cromática, dominada por los tonos rojos, verdes y dorados, contribuye a crear una atmósfera de riqueza, solemnidad y misterio.