Part 3 – Master of San Gaggio - Enthroned Madonna with Child and Scenes from the Passion of Christ
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La estructura general de la obra se organiza en torno a esta escena principal, flanqueada por cuatro paneles laterales que narran episodios relacionados con la Pasión de Cristo. A la izquierda superior, observamos el descenso del cuerpo de Jesús de la cruz, asistido por personajes ataviados con ropas oscuras y un hombre que lo sostiene sobre una escalera. En la parte inferior izquierda, se representa el cuerpo inerte de Cristo yacente, rodeado de figuras afligidas. A la derecha superior, la crucifixión es mostrada con crudeza, destacando la figura del crucificado contra un cielo tormentoso y la presencia de personajes que lo lamentan. Finalmente, en la esquina inferior derecha, una escena de duelo colectivo muestra a personas llorando alrededor de la figura de Cristo muerto.
La disposición de estos episodios no parece seguir una secuencia cronológica estricta, sino más bien una yuxtaposición de momentos clave destinados a evocar el sufrimiento y la redención. El uso del dorado en el fondo y en los detalles ornamentales acentúa la sacralidad de la escena central, mientras que las figuras laterales, pintadas con colores más terrosos y sombríos, enfatizan la tragedia del evento narrado.
La pintura presenta una marcada bidimensionalidad, característica del arte medieval italiano. Las figuras son estilizadas y carecen de profundidad psicológica, pero su expresividad se transmite a través de gestos simbólicos y miradas intensas. La ausencia de perspectiva realista contribuye a crear un ambiente atemporal y devocional.
Más allá de la representación literal de los eventos bíblicos, la obra sugiere una reflexión sobre el amor maternal, el sacrificio redentor y la esperanza en la resurrección. La Virgen María, como intercesora entre Dios y la humanidad, se erige como un símbolo de consuelo y fortaleza ante el sufrimiento. La yuxtaposición de la escena de la Pasión con la imagen de la Madre y el Niño crea una tensión dramática que invita a la contemplación y a la reflexión sobre los misterios de la fe cristiana. La composición, aunque fragmentada en sus paneles laterales, busca unificar estos elementos bajo la figura central de la Virgen, sugiriendo una conexión entre el sufrimiento terrenal y la gracia divina.