Part 2 Louvre – Anthonie Palamedesz -- Taste (woman nursing a child and monkey eating fruit)
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La mujer está vestida con ropas elaboradas, indicativas de una posición social acomodada. Su expresión es serena, aunque ligeramente melancólica; su mirada se dirige hacia el espectador, estableciendo un vínculo sutil pero perceptible. El niño, envuelto en telas, parece dormido o al menos apacible en sus brazos. La presencia del mono introduce un elemento de disrupción y contraste con la dignidad de la escena principal. Su actitud despreocupada y su acción de comer fruta sugieren una naturaleza instintiva y desprovista de las convenciones sociales que rigen el comportamiento humano.
La mesa sobre la que se encuentra el mono está cargada de alimentos: frutas variadas, posiblemente uvas y melones, junto con un recipiente que contiene nueces o frutos secos. Estos elementos, típicos del género bodegón, no solo aportan riqueza visual a la composición sino que también aluden a los placeres sensoriales y a la abundancia material. La disposición de las frutas sugiere una cierta opulencia, pero también puede interpretarse como un recordatorio de la fugacidad de los bienes terrenales.
El suelo, parcialmente visible, muestra algunos objetos dispersos: lo que parecen ser nueces o almendras caídas, reforzando la idea de la indulgencia y el desorden inherentes a la naturaleza humana. La presencia del mono, con su comportamiento aparentemente aleatorio, podría interpretarse como una alegoría de los instintos primarios que coexisten con la civilización y la sofisticación representadas por la mujer.
En conjunto, la pintura plantea interrogantes sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, la razón y el instinto, la virtud y el placer. La yuxtaposición de elementos aparentemente dispares –la maternidad, la opulencia, la domesticidad y la animalidad– invita a una reflexión más profunda sobre las complejidades de la condición humana y los valores que la definen. El uso del claroscuro intensifica esta atmósfera ambigua, sugiriendo que detrás de la aparente serenidad se esconden tensiones subyacentes.