Emilio Pettoruti – #38859
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La paleta cromática es rica y contrastante: predominan los verdes, azules, amarillos y rojos, aplicados en bloques irregulares que definen las diferentes partes del cuerpo de la tortuga. La cabeza, situada en la parte superior, exhibe una explosión de tonos carmesí y escarlata, creando un punto focal vibrante. El caparazón se presenta como una amalgama de colores cálidos y fríos, mientras que el vientre irradia tonalidades más claras y luminosas.
La composición es estática y bidimensional. La tortuga parece flotar sobre un fondo igualmente fragmentado, construido con rectángulos de color que refuerzan la sensación de desintegración y reconstrucción. No hay una clara indicación de profundidad o perspectiva; el espacio se reduce a una superficie plana donde los colores interactúan entre sí.
Más allá de la mera representación de un animal, esta pintura sugiere una reflexión sobre la naturaleza de la forma y la percepción. La fragmentación del cuerpo de la tortuga podría interpretarse como una metáfora de la desconstrucción de la realidad o de la multiplicidad de perspectivas que existen ante un mismo objeto. El uso de colores intensos y contrastantes evoca una sensación de vitalidad y energía, a pesar de la aparente rigidez de la composición. La técnica del mosaico, con sus piezas yuxtapuestas, podría aludir a la idea de que la totalidad se construye a partir de partes dispares, o a la necesidad de recomponer un mundo fragmentado. La firma en la esquina superior derecha, discreta pero presente, ancla la obra en un tiempo y espacio específicos, invitando a considerar el contexto histórico y cultural en el que fue creada.