Vincent van Gogh – La Berceuse (Woman Rocking a Cradle; Augustine-Alix Pellicot Roulin, 1851–1930)
Ubicación: Metropolitan Museum of Arts, New York.
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La mujer sostiene entre sus manos lo que parece ser la cuerda o asa de una mecedora, indicando que está balanceando algo fuera del encuadre – presumiblemente una cuna. Este gesto, repetitivo y aparentemente sencillo, se convierte en el foco central de la composición. La quietud de su figura contrasta con la posible dinámica del movimiento que implica su acción.
El fondo es igualmente significativo. Un entramado oscuro, salpicado de manchas blancas que evocan flores o quizás estrellas, crea una atmósfera opresiva y a la vez onírica. Esta oscuridad resalta aún más la figura central, pero también puede interpretarse como un reflejo del aislamiento y la soledad inherentes a su rol maternal.
La paleta cromática es deliberadamente limitada: verdes, amarillos, ocres y toques de blanco sobre un fondo oscuro. La intensidad de los colores acentúa la emotividad de la escena, transmitiendo una sensación de melancolía y resignación. El uso del pincel es visible, con trazos gruesos y expresivos que contribuyen a la textura general de la obra.
Más allá de la representación literal de una mujer meciendo una cuna, esta pintura parece explorar temas más profundos relacionados con la maternidad, el trabajo femenino, el paso del tiempo y la carga emocional asociada a las responsabilidades familiares. La figura femenina no es idealizada; se presenta como un ser humano real, marcado por la experiencia y el esfuerzo. La ausencia de una narrativa explícita invita al espectador a completar la historia, proyectando sus propias interpretaciones sobre la escena representada. Se intuye una atmósfera de introspección y contemplación, donde la rutina diaria se transforma en un acto cargado de significado simbólico.