Vincent van Gogh – Still Life Potatoes in a Yellow Dish
Ubicación: Kröller-Müller Museum, Otterlo.
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ЕДОКИ КАРТОФЕЛЯ
Густое масло жизни плазму
Судеб скрывает. Полотно
Пугает чернотой — оно
Сознанье, склонное к сарказму
Изменит хлеще, чем вино.
Сколь подоплёка тяжела
Представленного на картине?
Не будет счастья вам в помине,
Одна отчаянья смола!
А есть над нами янтари,
Шатры миров и всё такое.
А едокам и цвет зари
Уже как нечто дорогое.
Картофель. Беловатый пар.
Еды на всех едва ли хватит.
И чем за жизнь сегодня платит
Тот, во главе стола? Он стар…
Мы что же — только едоки?
А с янтарями обманули?
Глаза у страха велики.
Мы, люди, будто позвонки
Близки друг другу.
Свет в июле,
Роскошный полдень у реки…
Где горе? Счастье нам вернули.
Красава
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La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y amarillos intensos que definen tanto las patatas como el plato. Sin embargo, se introducen pinceladas de rojo intenso en algunas de las raíces, creando contrastes visuales que atraen la atención del espectador hacia los detalles individuales de cada elemento. La textura es palpable; la aplicación gruesa de la pintura, con trazos visibles y empastados, confiere a la superficie una rugosidad táctil que sugiere la naturaleza orgánica y sin pulir de los objetos representados.
El fondo, igualmente construido con pinceladas expresivas, se presenta como un espacio indefinido, casi abstracto, donde predominan las tonalidades amarillentas y azuladas. Esta ausencia de detalles contextuales concentra la atención en el grupo de patatas, elevándolas a una categoría de protagonismo inusual para objetos cotidianos.
Más allá de la mera representación de elementos domésticos, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la humildad y la sencillez. Las patatas, alimento básico y asociado con las clases trabajadoras, son presentadas con dignidad y respeto, despojándolas de cualquier connotación negativa que pudieran tener. El plato amarillo, aunque funcional, adquiere un valor estético propio gracias a su color vibrante y a la forma en que interactúa con la luz.
Se intuye una cierta melancolía subyacente en la obra; no se trata simplemente de una descripción objetiva, sino de una interpretación personal que transmite una sensación de introspección y conexión con lo esencial. La crudeza del tratamiento pictórico refuerza esta impresión, invitando a una contemplación pausada y reflexiva sobre la belleza inherente a las cosas más simples de la vida. El autor parece buscar en estos objetos humildes una verdad universal, un testimonio silencioso de la existencia humana.