Rijksmuseum: part 1 – Rembrandt Harmensz. van Rijn -- De onthoofding van Johannes de Doper, 1640-1645
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A su alrededor, un grupo heterogéneo de figuras reacciona a los acontecimientos. Un hombre barbudo, presumiblemente el verdugo, se muestra con semblante sombrío y mirada baja, como abrumado por su tarea. Una mujer, vestida con ropajes opulentos que sugieren poder y autoridad, observa la escena con una expresión ambivalente; no hay alegría en sus ojos, sino más bien una mezcla de curiosidad morbosa y quizás un atisbo de arrepentimiento o temor.
El resto del grupo –una multitud indistinta– se agolpa en segundo plano, algunos mostrando signos de horror, otros de indiferencia, reflejando la complejidad de las reacciones humanas ante la violencia. La iluminación es crucial; los rostros y cuerpos más cercanos a la fuente de luz están revelados con detalle, mientras que el fondo se sume en una oscuridad profunda, creando una atmósfera opresiva y misteriosa.
El uso del claroscuro no solo sirve para dirigir la atención del espectador hacia los personajes principales, sino también para sugerir un significado simbólico más profundo. La luz podría interpretarse como una representación de la verdad o la justicia que se revela a través del sufrimiento, mientras que la oscuridad simbolizaría el pecado, la ignorancia o la desesperación.
La composición es densa y claustrofóbica, intensificando la sensación de tragedia y fatalidad. El gesto de la mujer con el abanico, aunque aparentemente trivial, podría interpretarse como un intento de ocultar su rostro o de distanciarse emocionalmente del horror que presencia. La bandeja con la cabeza, presentada casi como un objeto de exhibición, añade una dimensión macabra a la escena.
En general, esta pintura explora temas universales como el poder, la muerte, la culpa y la redención, invitando al espectador a reflexionar sobre la naturaleza humana y las consecuencias de nuestros actos. La maestría del artista reside en su capacidad para transmitir emociones complejas a través de una representación realista pero profundamente simbólica de un evento trágico.