Rijksmuseum: part 1 – Fabritius, Barent -- De rijke man en de arme Lazarus, 1661
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En marcado contraste, a la derecha, se despliega un panorama sombrío y desolador. Un hombre, vestido con harapos y aparentemente enfermo o moribundo, yace prostrado en el suelo. Un perro, símbolo tradicional de fidelidad y pobreza, lo observa cercano. Una figura femenina, vestida con ropas coloridas, parece extenderle una mano, aunque su expresión es ambigua: ¿compasión, resignación o indiferencia? Tras un arco que enmarca esta escena, se vislumbra una representación infernal, con llamas y figuras fantasmales, sugiriendo el destino final del mendigo. La luz aquí es más tenue y dramática, acentuando la miseria y el sufrimiento.
La arquitectura que separa ambas escenas no es meramente un elemento decorativo; funciona como una barrera física y simbólica entre la prosperidad y la pobreza, la abundancia y la carencia. El uso de la perspectiva crea una sensación de profundidad, intensificando el contraste visual y emocional entre los dos mundos representados.
La pintura plantea interrogantes sobre la justicia social, la responsabilidad moral y las consecuencias del desprecio hacia los más necesitados. La yuxtaposición de estas escenas aparentemente inconexas invita a la reflexión sobre la desigualdad y la fugacidad de la riqueza terrenal frente al sufrimiento eterno. El detalle en la representación de los objetos y personajes, propio del estilo holandés del siglo XVII, contribuye a la verosimilitud de la escena y refuerza el impacto emocional de la obra. La presencia de elementos simbólicos, como el perro y las llamas infernales, añade capas de significado que trascienden la narrativa superficial.