Rijksmuseum: part 1 – Mieris, Frans van (I) -- Allegorie op de vergankelijkheid, 1670-1681
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En esta composición pictórica, observamos una escena de marcada carga simbólica y melancolía. Una mujer, ataviada con un elegante vestido blanco con encajes, ocupa el centro del plano. Su expresión es serena, casi absorta en la contemplación, aunque se percibe una sutil tristeza que impregna su semblante. La figura femenina descansa sobre una mesa ricamente decorada con un tapiz oriental de colores vivos y complejos diseños. Sobre esta misma superficie, se disponen elementos clave para la interpretación alegórica: un cráneo humano, abierto como si estuviera a punto de revelar sus secretos, un libro antiguo, posiblemente representando el conocimiento o la sabiduría, y un jarrón ornamentado que contiene una exuberante vegetación.
A los pies de la mujer, asoma la cabeza de un niño, su rostro parcialmente oculto en las sombras, que parece observar con curiosidad la escena. Su presencia introduce una dimensión generacional, sugiriendo la transmisión del conocimiento y la conciencia de la fugacidad de la vida.
El encuadre es particularmente significativo. La figura se encuentra situada frente a una abertura arquitectónica, un arco que enmarca el espacio exterior, sumido en una oscuridad profunda. Esta disposición crea una sensación de confinamiento, pero también de ventana hacia algo más allá, quizás hacia la eternidad o el olvido. El contraste entre la luz que ilumina a la mujer y los objetos sobre la mesa, y la penumbra del fondo, acentúa la atmósfera de reflexión y melancolía.
La pintura parece explorar temas universales como la transitoriedad de la existencia, la inevitabilidad de la muerte y la importancia del conocimiento y la memoria. El cráneo es un memento mori, una recordatorio constante de la mortalidad humana. El libro podría simbolizar el intento de trascender esa limitación a través del aprendizaje y la sabiduría acumulada. La mujer, con su actitud contemplativa, personifica quizás la aceptación serena de este destino inevitable, mientras que el niño representa la esperanza y la continuidad de la vida. La opulencia de los objetos sobre la mesa contrasta con la presencia del cráneo, subrayando la futilidad de las posesiones materiales frente a la muerte. En definitiva, se trata de una obra que invita a la reflexión profunda sobre la condición humana y el paso del tiempo.