Charles Le Brun – Entry Of Alexander Into Babylon
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El carro está ricamente decorado, con elementos que parecen aludir a la prosperidad y abundancia de la ciudad conquistada. A su lado, una figura femenina, ataviada con vestimentas lujosas, posiblemente personificando la ciudad o un símbolo de su fertilidad y riqueza, se muestra en una actitud de reverencia.
El entorno arquitectónico es monumental: arcos triunfales, columnas corintias y edificios imponentes delinean el horizonte, enfatizando la grandiosidad del evento y la magnitud del poderío del líder. La atmósfera está cargada de expectación; una multitud se agolpa a lo largo de las calles, observando con devoción o temor. Se distinguen figuras femeninas que ofrecen ofrendas, soldados armados que custodian el cortejo y músicos que acompañan la celebración con instrumentos de viento.
La paleta cromática es cálida, dominada por tonos ocres, dorados y rojizos, que contribuyen a crear una atmósfera de pompa y solemnidad. La luz incide sobre las figuras principales, resaltando su importancia dentro del conjunto. Se percibe un juego sutil de claroscuros que modela los cuerpos y añade dramatismo a la escena.
Más allá de la representación literal del evento, se intuyen subtextos relacionados con el poder, la conquista y la legitimación del liderazgo. La figura central no solo es un conquistador, sino también una encarnación de la divinidad o, al menos, alguien investido de autoridad divina. La ciudad, representada como sumisa y generosa, simboliza la rendición ante el nuevo orden establecido. El uso de elementos arquitectónicos clásicos sugiere una conexión con la tradición y la legitimidad del poder. En definitiva, la obra parece aspirar a glorificar no solo al líder, sino también al imperio que representa, transmitiendo un mensaje de victoria, prosperidad y estabilidad. La composición, cuidadosamente equilibrada y el tratamiento detallado de las figuras sugieren una intención didáctica: instruir al espectador sobre los valores del poder y la virtud.