Aquí se observa una representación de un baile de gala, presumiblemente en un palacio, con una multitud considerable ataviada con indumentaria formal del siglo XIX. La escena transcurre bajo un elaborado cartel superior que domina la composición. El espacio central está ocupado por los asistentes al evento, organizados en grupos y parejas que participan en el baile o conversan animadamente. Predominan los tonos pastel en las vestimentas femeninas: blancos, celestes, rosas pálidos, con detalles dorados y bordados intrincados que sugieren riqueza y estatus social elevado. Los hombres visten chaquetas oscuras, chalecos ricamente decorados y pantalones largos, algunos disfrazados con atuendos de personajes históricos o mitológicos. La iluminación es cálida y difusa, creando una atmósfera festiva y opulenta. El cartel superior presenta figuras alegóricas femeninas que sostienen un escudo heráldico adornado con emblemas y coronas. Una inscripción latina, apenas legible, se encuentra inscrita en la parte central del cartel. Esta estructura ornamental no solo sirve como elemento decorativo sino también como una declaración visual de poder y linaje noble. La presencia de estas figuras alude a la legitimidad y el prestigio asociados al evento y a los anfitriones. La perspectiva utilizada es ligeramente elevada, permitiendo una visión panorámica del salón y de la multitud. Esta elección compositiva enfatiza la grandiosidad del acontecimiento y la importancia de los presentes. Se aprecia un cierto grado de formalismo en las poses y expresiones de los retratados, aunque también se vislumbra una sutil alegría y despreocupación propias de una celebración social. Subtextualmente, la obra parece ofrecer una ventana a la sociedad aristocrática del siglo XIX, mostrando sus costumbres, su vestimenta y su ostentosa exhibición de riqueza. El baile no es solo un evento social, sino también una manifestación de poder e influencia. La meticulosidad en los detalles de las vestimentas y la decoración sugiere una preocupación por el protocolo y la imagen pública. La presencia del emperador (aunque no visible directamente) implica una conexión con la esfera política y gubernamental, elevando aún más la importancia del evento. En definitiva, se trata de un documento visual que captura un momento específico en la historia, revelando aspectos clave de la cultura y las jerarquías sociales de la época.
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Zichy, Mihaly - fancy dress ball at the palace of Princess Helena Kochubey in honor of Emperor Alexander II on Feb. 5, 1865 — Hermitage ~ Part 05
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El espacio central está ocupado por los asistentes al evento, organizados en grupos y parejas que participan en el baile o conversan animadamente. Predominan los tonos pastel en las vestimentas femeninas: blancos, celestes, rosas pálidos, con detalles dorados y bordados intrincados que sugieren riqueza y estatus social elevado. Los hombres visten chaquetas oscuras, chalecos ricamente decorados y pantalones largos, algunos disfrazados con atuendos de personajes históricos o mitológicos. La iluminación es cálida y difusa, creando una atmósfera festiva y opulenta.
El cartel superior presenta figuras alegóricas femeninas que sostienen un escudo heráldico adornado con emblemas y coronas. Una inscripción latina, apenas legible, se encuentra inscrita en la parte central del cartel. Esta estructura ornamental no solo sirve como elemento decorativo sino también como una declaración visual de poder y linaje noble. La presencia de estas figuras alude a la legitimidad y el prestigio asociados al evento y a los anfitriones.
La perspectiva utilizada es ligeramente elevada, permitiendo una visión panorámica del salón y de la multitud. Esta elección compositiva enfatiza la grandiosidad del acontecimiento y la importancia de los presentes. Se aprecia un cierto grado de formalismo en las poses y expresiones de los retratados, aunque también se vislumbra una sutil alegría y despreocupación propias de una celebración social.
Subtextualmente, la obra parece ofrecer una ventana a la sociedad aristocrática del siglo XIX, mostrando sus costumbres, su vestimenta y su ostentosa exhibición de riqueza. El baile no es solo un evento social, sino también una manifestación de poder e influencia. La meticulosidad en los detalles de las vestimentas y la decoración sugiere una preocupación por el protocolo y la imagen pública. La presencia del emperador (aunque no visible directamente) implica una conexión con la esfera política y gubernamental, elevando aún más la importancia del evento. En definitiva, se trata de un documento visual que captura un momento específico en la historia, revelando aspectos clave de la cultura y las jerarquías sociales de la época.