Hermitage ~ Part 05 – Portrait Ulrika-Eleonora younger, Queen of Sweden
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La mujer está vestida con un atuendo de gala, característico de la nobleza europea del siglo XVIII. El vestido, de un tono azul pálido, presenta elaborados detalles en encaje y bordado que delinean el escote y los puños. Un collar de perlas, visible sobre el pecho, acentúa su estatus social. La peluca, alta y con rizos cuidadosamente dispuestos, es una declaración de moda de la época, aunque su volumen parece ligeramente exagerado, contribuyendo a la monumentalidad de la figura.
La composición se centra en la representación de poder y dignidad. El sillón, ostentoso y decorativo, simboliza el rango social elevado de la retratada. A su lado, sobre el respaldo del sillón, descansa una corona, elemento clave que refuerza la idea de soberanía o al menos de pertenencia a la realeza. La mano derecha se apoya sutilmente sobre la corona, un gesto que puede interpretarse como una afirmación silenciosa de su derecho y autoridad.
El rostro de la mujer es sereno y melancólico. Su mirada, dirigida hacia el frente, transmite una sensación de introspección y quizás incluso de resignación. La luz incide suavemente sobre sus facciones, resaltando la palidez de su piel y los ojos ligeramente hundidos. Esta expresión facial, lejos de mostrar alegría o triunfo, sugiere una complejidad emocional que invita a la reflexión.
El fondo oscuro y difuso contribuye a aislar a la figura principal, enfatizando su individualidad y su posición privilegiada. La tela drapeada a un lado del sillón añade profundidad al espacio y crea un juego de luces y sombras que realza el dramatismo general de la escena.
En términos de subtexto, se puede inferir una preocupación por la representación de la legitimidad y la autoridad. El retrato no busca simplemente capturar la apariencia física de la retratada, sino también proyectar una imagen de poder, estabilidad y nobleza. La melancolía en su rostro podría sugerir las presiones y responsabilidades inherentes a su posición social, o quizás aludir a un contexto histórico más amplio marcado por conflictos políticos o personales. En definitiva, el retrato es una declaración visual de estatus y una ventana a la psicología de una mujer atrapada entre el deber y sus propios sentimientos.