Vittore Carpaccio – St Augustine in his studio, 1502, 141x210, Oratori
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La composición se articula alrededor de un hombre vestido con ropas clericales, sentado tras un escritorio abarrotado de libros y objetos diversos. Su postura es reflexiva, con una mano apoyada sobre el borde del escritorio, como si estuviera sopesando ideas o contemplando la vastedad del conocimiento que lo rodea. Su mirada se dirige hacia fuera del plano pictórico, sugiriendo una conexión con un mundo más allá de su estudio.
El mobiliario es rico y simbólico. Un elaborado armario exhibe objetos aparentemente aleatorios: una esfera celeste, un cáliz, e incluso una pequeña figura humana, que podrían representar la cosmología, los sacramentos y la condición humana respectivamente. En el fondo, un nicho alberga una crucifixión de tamaño modesto, pero con una presencia significativa, indicando una tensión entre la razón y la fe, la búsqueda del saber y la devoción religiosa.
La disposición de los libros es particularmente notable. No se presentan ordenados o catalogados; más bien, parecen apilados al azar, sugiriendo la acumulación de conocimiento a lo largo del tiempo y el proceso continuo de aprendizaje. Un conejo, situado en primer plano a la izquierda, introduce un elemento inesperado y potencialmente alegórico. En la iconografía cristiana, el conejo puede simbolizar la humildad o incluso la resurrección.
El techo abovedado, decorado con motivos geométricos, refuerza la sensación de espacio elevado y trascendental. La perspectiva es compleja, creando una ilusión de profundidad que invita al espectador a explorar los detalles del estudio.
En general, la pintura transmite un mensaje sobre la búsqueda del conocimiento, la relación entre la fe y la razón, y la complejidad inherente a la condición humana. La acumulación de objetos y símbolos sugiere una mente inquisitiva y una vida dedicada al estudio y la contemplación. La atmósfera es serena pero cargada de significado, invitando a una reflexión profunda sobre los temas que plantea.