Tomas Campuzano Y Aguirre – #07827
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La paleta cromática se reduce a tonos terrosos: ocres, rosas pálidos, grises ceniza y toques de blanco que sugieren una luz difusa, quizás un amanecer o un atardecer brumoso. La técnica es suelta, con pinceladas rápidas y transparentes que diluyen los contornos y crean una sensación de inestabilidad visual. El agua del río Guadalquivir se representa como una extensión plana y reflectante, casi desmaterializada, que multiplica la impresión de lejanía y quietud.
El puente, elemento central de la composición, aparece como un conector entre el pasado y el presente, un testimonio silencioso del paso del tiempo. La ciudad al fondo, aunque delineada, carece de detalles precisos; se presenta como una masa amorfa que evoca más recuerdos e impresiones que una realidad tangible.
La atmósfera general es de introspección y contemplación. No hay figuras humanas presentes, lo que acentúa la sensación de soledad y abandono. La elección del tema –un paisaje histórico– podría interpretarse como una reflexión sobre la fugacidad de las civilizaciones y la persistencia de los vestigios materiales. El título inscrito en la esquina inferior derecha, Córdoba - T. Campuzano, sitúa la obra dentro de un contexto geográfico específico pero también revela la subjetividad del artista ante el paisaje que observa. La pintura no busca una representación objetiva, sino más bien transmitir una emoción, una impresión personal sobre la belleza melancólica de Córdoba.